Proyecto Abuelos en la Red Huétor Tájar

viernes, 25 de noviembre de 2016

UN CAMBIO EN LA FAMILIA


Mi madre fue una persona que afrontaba todos sus problemas con mucha calma y tranquilidad.Cuando yo nací tenia 44 años de edad, le habían hecho su primera operación de cáncer de mamas, pero eso para ella no tenía importancia, porque tenía una pena más grande, un año antes enterró un hijo precioso adolescente y con esa cruz vivió el resto de su vida.
Yo tenía dos hermanas, Lucía estudiaba magisterio y Carmen se quedaba en la casa por la enfermedad  de mi madre y se hizo una buena modista.
Un día Carmen le dijo:¡Mamá el vestido te queda respingón! y mi madre se sofocó.
Ya estaba embarazada de mí y Carmen le sacó el falso.
Mis hermanas las dos muy preocupadas pensaron que mi madre estaba otra vez mal.
Y una señora, mi madrina, les dijo:¡Vuestra madre no tiene nada!. Lo que pasa es que está esperando familia y se pusieron muy contentas. Me hicieron toda mi ropita me prepararon la cuna con mucha ilusión. Pero siempre pensaron que yo iba a ser un niño.
Llegó el día de mi nacimiento, mis hermanas fueron al hospital me llevaron la medalla, el anillo, la diadema, vestiditos, zapatitos muy contentas con la niña. Y mi madre que tenía genio les dice :¡Valla par de tontas se os olvida lo principal los pañales!.

Hueteña

miércoles, 23 de noviembre de 2016

¡QUÉ RÁPIDA PASA LA VIDA!


Cuando era pequeña a la edad de colegio con siete años iba en el invierno con una lata que llevaba ascuas para calentarnos. Pero a veces los niños con la gracia me la tiraban y yo me enfadaba y lloraba. El colegio no me gustaba mucho, cuando les dije a mis padres que no iba mas al colegio se enfadaron mucho conmigo, no querían que dejara de ir.
A la edad de los trece años me fui a trabajar a la fábrica de los tomates y a las cebollas y a todo lo que podía. Me casé en el setenta y tres y me fui a Barcelona, empecé otra nueva vida me dio pena salir de mi pueblo y del lado de mis padres y hermana. Al año tuve mi primera hija que me llenó la vida y al año la segunda y al siguiente otro. Ya no me acordaba que estaba tan lejos de mis padres y hermana. Que me daba pena estar tan lejos y en el ochenta y tres nos venimos de Barcelona a Granada nuestra tierra y desde el 2014 ya en mi pueblo, que me gusta mucho, me encuentro muy bien con mi marido y los mios, presumo mucho de mi pueblo Huétor Tájar.

Hueteña

VIVENCIAS DE UN NIÑO DE LA POSGUERRA


Tengo 68 años y nací en Huétor Tájar (GRANADA), comencé mi vida laboral a los 11años por la necesidad imperiosa de ayudarles a mis padres pues era el mayor de cinco hermanos y las necesidades de aquel tiempo eran bastantes. Hacía poco que había terminado la guerra civil, y aquellos años fueron muy difíciles, dependiendo del bando en el que estuvieras uno u otro lo tenías mas o menos difícil. Los que mas difícil lo tenían fueron los del bando republicano que perdieron la contienda, cual fue el caso de mi familia.

A partir de ese tiempo que deje el colegio con gran pesar de mis padres y mio propio porque modestia aparte,se me daban bien los estudios y lo mas importante es que me gustaba mucho. Hasta el punto de que lloraba por ir al colegio.

Cambiando un poco de tema, las fiestas en aquella época eran muy diferentes a las que se viven hoy. Estas para los niños de mi edad y de nuestra clase social eran muy peculiares. Por un lado como durante todo el año no había otra clase de entretenimientos pues las esperábamos con gran entusiasmo, pero cual era lo negativo, pues la parte económica, nuestros padres por más que querían no podían. Pues bien por aquel entonces en Huétor Tájar había unas enormes ferias de ganado. Entonces los críos cogíamos y cegamos hierba de las lindes, cabos de los maíces y los vendíamos a los ganaderos que venían de todos los pueblos a vender o cambiar sus bestias.
Otra forma de recaudar algún dinero era vendiendo agua también para los feriantes, pues con el primer dinerillo que cogíamos de la hierva y los cabos comprábamos un pipo y llenamos agua en los pozos y a veces en la acequia gorda y la vendíamos “a gorda la hartá”que era la décima parte de una peseta.
Como mencionaba anteriormente comencé a trabajar a los 11 años mi primer trabajo fue criar animales concretamente había un señor en el pueblo que los compraba y nosotros los criabamos y cuando estaban grandes se vendían y se partían al 50 por ciento, los animales en concreto eran becerros al desteto.
Aun así mi inquietud por la escuela seguía latente en mi mente y en la de mis padres, entonces decidimos ir a clases particulares por las noches a un señor que siempre lo recordaré porque aunque no era profesor titulado era una persona que tenía mucho interés porque los niños aprendieran, era un hombre bueno aparte de buen profesor. Este hombre tenía un sobrenombre por lo mucho que le gustaba las habas verdes pues le decíamos "habas verdes", y a él no le importaba se lo tomaba muy bien.

Hueteño

LA NIÑEZ DE UN NIÑO DE LOS 70


Cuando era pequeño en mi casa se pasaba fatigas. Lo recuerdo porque mi madre compraba comida y siempre lo mejor era para mi padre porque era el que trabajaba. Ya cuando tenía diez años mi padre me puso a trabajar los veranos en una frutería que vendía al por mayor, es decir repartiendo frutas por todos los pueblos lindantes . Pero como se me daba muy bien las matemáticas me pusieron a vender en la plaza de abastos, lo mismo vendía fruta que pescado. Nos levantabamos todos los días a las cuatro de la mañana hasta las diez de la noche un día tras otro. Así los tres meses de verano, y todo este trabajo era todo recompensado a cambio de darnos ropa para mis hermanos y para mí.
Durante los nueve meses restantes íbamos de lunes a viernes a la escuela. Los domingos por la mañana íbamos al campo de fútbol a llenar los bidones de agua con cubos de un manantial,que estaba cerca de las casetas. A cambio de que nos dieran un refresco, pero también había que recoger toda la ropa de los jugadores. Cuando terminé octavo me fui a Loja a estudiar primero de BUP pero cuando llegaron las vacaciones de Navidad mi padre me sacó del Instituto para ir a trabajar a la obra de peón, haciendo mas mezcla que un tonto.
A la edad de quince años ya jugaba en el Huétor Tájar de la regional preferente, me acuerdo que cuando ganábamos cantábamos esta canción:
- “El equipo del Huétor Tájar es un equipo muy feroz,
tiene cinco delanteros que son artilleros al arte del balón,
pero la media son dos leones, la defensa la mejor,
pero tiene un porterazo,
que por alto y bajo, no le meten un gol”.
Todo el pueblo se volcaba con el equipo, incluso ponían autocares para la gente que quisieran ir a vernos a cualquier pueblo de la provincia. ¡Qué domingos mas maravillosos echábamos todos,de comida nos daban un bocadillo y un refresco, pero de cobrar dinero nada. Hoy todo el mundo va por el interés de cobrar dinero y antes disfrutábamos sin cobrar nada. Mi pueblo gracias a Dios a crecido mucho y tenemos unas instalaciones magníficas. Me da envidia sana de ver como mi hijo y demás niños disfrutan de ellas. En mi pueblo hay muchas zonas verdes, como plazas, parques, columpios para los niños y mayores.Por eso estoy orgulloso de ser hueteño,granadino,andaluz y español.

Manuel Rafael

viernes, 18 de noviembre de 2016

MIS COMPAÑEROS DE CLASE


Mari Carmen profesora
para sus alumnos muy buena
estar con ella es la gloria
aunque le demos faena
eso se queda en la historia

Esta copla es muy bonita
y cumple su dignidad
se lee cuando está escrita
solo por ir dedicá
a la señora Jacinta.

Su vecina que se sepa
es vecina de Jacinta
entiende mejor de letra
es una mujer bonita
y su nombre propio es Pepa

Pepa mujer muy bonita
dicho de aquella manera
pero a lo mejor se irrita
porque a ella le supera
su vecina que es Paquita.

Lo digo con alegría
y mi corazón palpita
hay que llevar picardía
si esas dos son muy bonitas
no queda detrás María

Está Luisa y María
dos mujeres con belleza
que nos hacen compañía
y se ponen en la mesa
rebosantes de alegría.


El Antonio es hombre sano
y reserva sus secretos
renaciente de Milanos
se vino a vivir a Huétor
y aquí todos lo apreciamos

El amigo Rafael
mas conocido por falo
como el viene a aprender
y como aprender no es malo
aquí lo tiene usted

Todo aquel que se dedique
en esta escuela a aprender
que al público que le explique
porque es bueno conocer
y que nos enseñe Enrique

y para Manuel Rafael
que también sabe lo suyo
yo lo sé que sabe bien
por eso lleva el orgullo
y le tenemos querer

Francisca es mi compañera
vecina de ordenador
nos ponemos en la escuela
vamos a salir los dos
con estudios de primera

Pues otro amigo me queda
que el hombre vino después
él se apellida Rueda
nombre propio Rafael
que aprenda to lo que pueda

Y guardando los secretos
se refleja en esta hoja
Domingo se fué de Huetor
al bello pueblo de Loja
y merece nuestros respetos

Me llamo Antonio Marchal
y soy muy sano y sincero
apreciando de verdad
a todos los compañeros
que hemos venido a estudiar

Antonio Marchal

jueves, 30 de julio de 2015

PENSIÓN SAN ANTONIO ( POSADA DEL RUBIO)

       La pensión San Antonio, más conocida como Posada del Rubio, por el apodo que le daban al dueño ( que era mi abuelo ), se ubicaba en la antigua calle Río nº 4, hoy calle del Dr. Lopez Peña.
        Esta pensión databa del año 1880 más o menos o quizás de mucho antes. En sus principios era una casa antigua y más pequeña que la que fue más tarde, pues en 1940 mi abuelo compró una pequeña casa que había al lado y la unió a la posada, levantando así un gran caserón.
        La posada constaba de dos plantas en las de arriba se encontraban las habitaciones de los transeuntes y las de la familia. En la parte baja había un recinto empedrado con un gran arco donde hacían la vida los arrieros, gitanos  y marchantes, la cocina un patio y las cuadras para los animales.
     Al principio su actividad era solo de posada para albergar a arrieros y sus bestias, tratantes de ganado, marchantes y gitanos y otros muchos que venían con sus productos, como los meleros que traían miel de caña y de abeja, los costeños preferentemente de la axarquia malagueña con seretes de higos secos, cajas de uvas pasas, plantas de batata y otros productos que aquí no se encontraban.
        Juan José el afilador con su carro de madera y su flauta voceando por las calles, dándole al pedal para afilar tijeras, cuchillos y navajas. Andrés el sombrillero que arreglaba paraguas, lañaba lebrillos, vendía quincalla y refrescos de canela que estaban buenísimos.
       Los tratantes de ganado, marchantes y gitanos venían cada quince días a la feria de ganado y a las de Mayo y Septiembre. Era sobre todo en estas fechas cuando había un trajín de gentes, carros y animales entrando y saliendo a todas horas. Por las noches la parte vieja se convertía en una gran alfombra de colchones extendidos en el suelo (al principio fueron de paja y hojas de panocha y más tarde de lana) para que durmieran gitanos arrieros y otras personas que no podían permitirse pagar una habitación.
         Con el paso de los años todos estos oficios se fueron perdiendo y dieron paso a otros nuevos, y así la posada fue ampliando su actividad. Ahora sus clientes eran viajantes que acudían al comercio que empezaba a florecer en nuestro pueblo, o empleados de banca que venían a trabajar en los pocos Bancos o cajas de Ahorros que había. Maestros de escuela que estaban todo un curso, como D. Adolfo, la srta. Isabel, la srta. Leonor o la srta. Maruja. El veterinario D. Gregorio que estuvo en la pensión hasta casarse. El secretario del Ayuntamiento D. Diodoro que se hospedó hasta que se jubiló. Miguel el guardia Civil que mientras estuvo en el pueblo vino siempre a comer a la pensión. Y otros muchos que iban de paso y hacían noche en la fonda. También se alojaban otros que venían al pueblo y su estancia seria durante un largo periodo, como fue la empresa de electricidad que puso el primer alumbrado público, o la cuadrilla  de albañiles que hicieron las escuelas del Padre Manjón, o los trabajadores que venían a cortar las choperas, y otros que estaban por temporadas, pues venían a comprar productos del campo como cebollas, melones, sandías etc. y volvían cada año como Frasquito o Domingo. 
Todas estas personas estaban a pensión completa, no solo dormían sino que también almorzaban y cenaban, y cuando su estancia se prolongaba el ambiente era muy familiar, éramos como una gran familia.                                                  
      El negocio también daba trabajo a mucha gente, pues siempre había dos carreros para las labores del campo y el servicio a la estación, un mozo de posada pendiente de abrir y cerrar el portón, sobre todo por la noche para la salida y entrada de transeuntes, dos muchachas que ayudaban en las tareas de la casa, pues antes el trabajo era todo manual, había que ir a lavar al río, arreglar las habitaciones, preparar el comedor para las comidas y otras muchas faenas que ocupaban todo el día, una costurera para el arreglo de ropa de hogar y confección de prendas para la familia.
     En las ferias el trabajo se multiplicaba, la pensión se llenaba a rebozar, no solo las habitaciones también gente a comer. En los años que hubo campeonato de piraguismo no daban a basto preparando comidas, había que hacer turnos para almorzar. También en estas fechas se alojaba algún que otro famoso de la época, que venían a actuar en las fiestas, como Los Tres Sudamericanos, Conchita Bautista, y algunos otros.
      La posada también acogía a gente sin medios económicos que mandaban el alcalde, el cura o las monjas, personas que deambulaban de pueblo en pueblo. También era centro de reunión de la familia, todos los domingos y días festivos mis tíos y primos maternos venían a la que había sido su casa y pasábamos unos ratos estupendos.
      Eran años de mucho trabajo pero el negocio prosperaba y así a través de los años hemos conocido a infinidad de personas y personajes cada cual con su historia, recuerdos llenos de experiencias y anécdotas que permanecerán para siempre en nuestra memoria, tiempos pasados que no volverán.

 Esto es una breve pincelada de lo que fue la Posada del Rubio.

Mercedes Caliz Arrebola

En el patio de la Posada
Huéspedes en el patio de la posada

 

miércoles, 14 de mayo de 2014

LA CENTRAL DE TELÉFONOS




Me crié con mi abuela y mi tía, que era la encargada de la central  de teléfonos en mi pueblo Huétor Tájar corrían los años 50 y 60.Había una central de teléfonos que era la que ponía en contacto el pueblo con el exterior . La central estaba en la calle del Río al lado de la Fonda de San Antonio "la posada del Rubio" . En teléfonos estábamos al principio mi tía y yo las 24 horas de guardia  más tarde entró una niña unas horas. El que quería hablar con su familia se le llevaba a su casa un aviso de conferencia para hablar a una hora determinada allí en la central, también se les llevaba el telegrama  que eran las noticias buenas o malas, recuerdo haber pasado muy malos ratos cuando llegaba la noticia  de la muerte de algún familiar ,o alegrarme  con la gente cuando eran buenas noticias. Entonces habían muy pocos teléfonos unos 50 o 60 luego subieron hasta 80 y ya tenia su importancia.
Bueno como he dicho antes vivíamos al lado de la posada del Rubio,yo me acuerdo que alli paraban muchas personas muy peculiares como "el afilaor" con su carrito , el sombrillero arreglaba las sombrillas,,"el lañaor" que lañaba los lebrillos y las orzas para las matanzas porque antes no habia nada de plástico ,aquellos hombres de la mancha con sus blusones negros y anchos venían vendiendo especias, azafrán, canela, pimienta, harina de cebada, recuerdo que sacaba agua del pozo fresquita, se echaba un poco de azúcar y era el refresco que se tomaba los días de calor pues antes había solo casera blanca y en algunas ocasiones. También venía a la puerta de la posada, aunque vendía por todo el pueblo un viejecillo con su borriquillo  y un peso de aquellos antiguos vendiendo verduras, pues aunque estaba el puesto de Concha la Tenazas y Carmen la "ratona" ,este hombre venía en el tiempo que aquí escaseaba. Venia otro hombre de Loja con su burro vendiendo cal  para encalar las casas los patios y las fachadas para la feria.
En el tiempo que se sacaba la remolacha que era una cosa que daba mucho trabajo en el pueblo, las mujeres iban a pelar remolachas y carros de mulos y toros que las transportaban a las eras y a la estación, pues en ese tiempo venían representantes de las azúcareras de Granada de Antequera y de Málaga y luego
iban a teléfonos a informar cada día de los kilos que había habido ese día.Recuerdo que en las ferias que antes tenían tanta importancia porque venia el ganado para vender y lo metían en la posada y la gente comía en la fonda y se formaba un ir y venir, mucho ajetreo  y la mujer que había " la Malena" tenía mucho trabajo.
Recuerdo todas estas cosas con muchísimo cariño y con nostalgia tiempos de escasés y crisis pero distinto de ahora.

Micaela Garcia