Proyecto Abuelos en la Red Huétor Tájar

miércoles, 23 de enero de 2008

LA MATANZA DEL CERDO DE AQUELLOS TIEMPOS


En aquellos tiempos todo era diferente, pero muy bonito.
Por ejemplo las matanzas eran muy familiares, sobre todo en el campo que era una fiesta donde lo pasábamos estupendamente. Cuando faltaban dos días para matar el cerdo ya las mujeres empezaban con las labores, primero se limpiaba la casa, se hacían los trapos de cocina que se iban a utilizar para limpiar todas las cosas. También limpiaban las especias que luego se utilizaban para hacer los embutidos.

El día anterior empezaban a preparar la comida, se mataban animales que antes habían criado en la casa, por ejemplo conejos o pollos .
Ya el día de la matanza por la mañana muy temprano se mataban los cerdos y ya era todo el día fiesta. Había mucha comida, se comían tapas de muchas clases y a pesar de haber mucho trabajo se cantaba se reía y se hacían bromas, todo el mundo se lo pasaba bien. Había falta de muchas cosas, para fregar los cacharros buscaban en el campo una planta que se llama matagallos, todo se fregaba con matagallos , sal y vinagre , por supuesto el agua había que traerla siempre de lejos si había mulos se traía con un mulo y si no dos personas estaban todo el día acarreando agua. Cuando llegaba la hora de la comida se comía en tres turnos , primero comían los hombres, luego los niños y por último las mujeres . Se comía así porque no había mesa para todos ya que se juntaba mucha gente, para ayudar iban los vecinos y casi toda la familia, se llegaban a juntar hasta 40 o 45 personas.
Por la tarde se hacía la morcilla , y por la noche mientras que las morcillas se cocían seguía la fiesta . Cuando se iban todos limpiábamos , todo se fregaba ,el suelo de rodillas con agua caliente se encalaba el humero con una tierra blanca que se había buscado en una cantera que había cerca porque la tierra blanqueaba mas que la cal . Al día siguiente se hacía el chorizo y demás embutidos .


A pesar de ser muy pequeña cuando se hacían las matanzas en mi casa, las recuerdo como si las hubiera vivido recientemente, porque me lo pasaba bastante bien, y me gustaba aquel ambiente familiar con que se vivían .

Francisca, Entrena Entrena.

miércoles, 16 de enero de 2008

EL CARNAVAL EN LOS AÑOS 50

Comparsa de Carnaval


Hola mi nombre es Margarita y tengo 67 años y les voy a contar un poco de los carnavales, fiesta tradicional antigua de los años 40 , 50 .
Aunque siempre se han celebrado son fiestas muy antiguas. Mis padres lo contaban, pero llegó la guerra civil y ya dejaron de celebrar se por cuestiones políticas. Yo les voy a contar un poco de los años que yo viví de pequeña, cómo se celebraban en los cortijos, hacían fiesta, ponían gallos al tiro y palomas a las pedradas, cada piedra valía 10 céntimos que se le llamaba una gorda, así se ganaba algún dinerillo, vendían gaseosa roscos de Lucena y Loja. La comida típica de la fiesta era el relleno y el piñonate, la bebida se llamaba Resol que la hacían con café y aguardiente.
En los pueblos se disfrazaban de máscara, y las comparsas salían cantando por las calles del pueblo, cantaban a las personas que les había pasado alguna cosa graciosa o pequeña tragedia como caerse o algún percance, después les cantaban coplas en los carnavales para que todo el pueblo se enterase. También se hacían funciones en la venta o en un cortijo viejo que hubiera cerca del pueblo, todas las mozuelas del pueblo iban a la fiesta.
Cuando yo fui mayor dejaron de celebrarse, hasta que llegó la democracia y denuevo el Carnaval salió a la calle, aunque ya se vive de otra manera porque la vida ha cambiado mucho.

Margarita Pinilla

jueves, 8 de noviembre de 2007

TRABAJANDO DESDE MI TIERNA INFANCIA







Nací en el campo allá por el 1945, eran tiempos difíciles para todo el mundo pero mas aún para las familias con pocos medios como la mía. De niña no pude ir a la escuela ni yo ni mis hermanos, éramos cuatro tres niñas y un chico y había que ayudar en casa en todo lo que se podía. Así desde bien pequeña guardaba animales y cuidaba de mis hermanos porque yo era la mayor. Con pocos años ya cogía aceitunas a los kilos . Cuando fui un poquito mayor con unos 14 años me pusieron a coser en casa de una mujer para que ella me enseñara mientras la ayudaba, esto estaba a unos tres o cuatro kms de casa, los cuales los hacíamos andando o montados en un mulo que nos dejaba el padre de una de mis amigas que venían conmigo. Éramos tres así que dos montábamos en el animal y otra se cogía de la cola para que el animal la remolcara un poquito en la cuesta arriba del camino. Esto era el día a día durante un año, hasta que llegó de nuevo la temporada de recogida de aceituna y de nuevo hubo que dejar la abuja y el dedal para recoger la cosecha.
Cuando acabó la temporada le dije a mi padre que quería una máquina de coser, y él me dijo que no podía comprármela, que si la quería la ganara yo trabajando en el campo con una tía mía. Así escardando, deshierbando y cegando durante todo un año conseguí ganar lo suficiente para comprar mi máquina de coser , pues mis amigas todas la tenían ya. Una vez la tuve, me puse tan contenta. Pero me surgió otro problema, no tenía nada que coser, pues en casa no había dinero para comprar tela. Mi padre me dijo que si quería tela debía de seguir trabajando a peón y medio, es decir el peón para la casa y el medio era para la compra de la tela para hacer la ropa para todos con la ayuda de mis amigas. Así cortábamos algunas cosillas y otras nos las cortaba la maestra.
En aquellos tiempos no había tantas fiestas, y estas reuniones de trabajo muchas veces servían también para relacionarnos con la gente de nuestra edad conservar la amistad, charlar y divertirnos a nuestra manera.
Ahora tengo sesenta y un año, cuido de mi madre y voy a la escuela de Adultos allí aprendo algo de lo que antes no pude, además de hacer amistades y distraerme con mis compañeras, y las maestras que son estupendas.

Antonia Ruiz Martos.



 

viernes, 19 de octubre de 2007

RECUERDO A LOS ABUELOS CON CARIÑO



Mi nombre es Paqui y voy a contar la Historia de mi infancia, nací en el campo en el seno de un matrimonio muy joven, fuí la primogénita.
Mi casa estaba muy cerca de la de mis abuelos paternos y cuatro tías solteras que vivían con ellos, allí en casa de mis abuelos era donde yo pasaba casi todo el tiempo, me gustaba mucho estar con ellos porque entre ellos y mis tías me tenían muy mimada, me daban todos los caprichos.
Recuerdo cuando me quedaba a solas con mi abuela, yo le decía que me dolía la barriga para que me hiciera una horchata de almendras y ella me la hacía con todo su cariño. También en mi casa con mis padres era muy feliz como niña sola que era. Ellos además de darme cariño también tenían que preocuparse de educarme, ellos me enseñaron a leer a escribir, a llamar de usted a los mayores, que en aquel tiempo era una forma de ser educado según las costumbres.
Yo vivía muy contenta, solo me faltaba tener un hermano, no me gustaba estar sola.
Cuando tenía siete años vino mi primer hermano, un niño. Yo estaba muy contenta pero lo bueno siempre dura poco. Cuando mi hermano tenía un año y yo tenía ocho mi madre se puso enferma y nos tuvimos que ir a vivir a Loja porque allí los médicos estaban mas cerca.
Entonces mi vida dió un cambio total, estaba en un pueblo extraño sin conocer a nadie y echaba mucho de menos a mis abuelos y a mis tías, estuvimos un año en Loja y luego nos vinimos a Huétor Tájar.
Al cumplir trece años tenía ya cuatro hermanos, por eso nunca pude ir a la escuela porque tenía que ayudar a mi madre en la casa. Por aquel tiempo mis abuelos también se vinieron a vivir a Huétor Tájar y yo seguí yendo a su casa como siempre.
Para mí la casa de mis abuelos era como mi segunda casa y ellos como mis segundos padres. Por eso toda mi vida los recordaré con un cariño especial.
A los catorce años me enamoré y a los diecinueve me casé. Con veintitrés tuve mi único hijo, lo mejor que me ha pasado en mi vida.
Ahora estoy en la escuela de adultos, y voy al centro Guadalinfo estoy aprendiendo mucho, siempre me gustó aprender cosas nuevas y ahora estoy aprovechando la oportunidad que los nuevos tiempos me ofrecen.

¡¡¡ Quién me iba a decir a mí que iba a poder publicar este pequeño relato en Internet!!!.
Esto es increible.

Francisca Entrena

miércoles, 13 de junio de 2007

UNA INFANCIA MARCADA


Empezaré contando algo de mi infancia, algo de lo que más me gustaba que era irme a casa de mi abuela pues siempre estaba rodeada de cariño, ella era una mujer fabulosa.
Yo era un poco caprichosa, y siempre le estaba poniendo cosas en desorden, me gustaba hacer teatros y me llevaba a mis amigas y juntas nos divertíamos mucho. Un día salí de paseo con una amiga y me encapriché en un muñeco que me gustó mucho y le pedí que me lo comprase y le parecía disparatado el precio pues ya ves valía treinta y cinco pesetas pero en el año mil novecientos cincuenta, esto era mas de lo que ganaba un jornalero al mes, pero aún así lo conseguí, y es que el muñeco lo valía, aún a mis años todavía lo tengo.
Cuando tenía 10 años cambié de casa y de provincia por lo que sufrí mucho dejar mi tierra natal. Aún todavía la recuerdo, pero por otra parte estoy agradecida de haberme trasladado, conocí nuevas amigas y unas vecinas muy buenas que se prestaron en darme una buena amistad, y se ofrecieron a enseñarme a hacer varias labores, como encaje de bolillo, punto de cruz, bordar mantillas de tul y otras labores que a mí me gustaba aprender ya que eso era lo que en aquella época se hacía, además de ayudar en la casa y en el campo.
Así me hice mayor y conocí al que después sería mi marido. Me enamoré y lo elegí para compartir mi vida. Me casé con veintiún año y tengo cinco hijos y ocho nietos, los cuales son maravillosos y les quiero mucho y esto es la parte mas bonita de mi vida, pues la otra parte es mas larga y bastante mas dura.

Antonia Gámiz

miércoles, 6 de junio de 2007

UNA MADRE ENAMORADA DE LA ÉPOCA EN QUE VIVIMOS


Quisiera relatar una pequeña historia desde el pasado hasta el presente.
En casa de mis padres éramos seis hermanos, en los tiempos de la posguerra, teníamos pocos juguetes y los pocos eran hechos por nosotros como los muñecos y las pelotas, pero no recuerdo haber pasado faltas, sí recuerdo haber jugado mucho y tener una niñez feliz. Cuando tuve 14 años me puse en un taller de costura para aprender a coser y me hice modista y así trabajando ayudaba a mis padres en aquellos tiempos difíciles donde todos incluso los pequeños arrimábamos el hombro a medida de nuestras fuerzas.
Cuando tuve 19 años me enamoré y así pasaron unos años, con pocos recursos pero felices, y cuando llegó mi boda la recuerdo con mucha ilusión pero no como las de ahora con tanto lujo, fue una boda sencilla pero bonita y muy emotiva donde nos reunimos toda la familia en un almuerzo y después por la noche hubo baile y la invitación para todos los amigos y conocidos. Fuimos de viaje de novios a Sevilla.
Así pasaron los años con mucha ilusión y como todos los jóvenes íbamos a todas las fiestas y lo pasábamos bien, pero todo con pocos recursos porque trabajando se ganaba muy poco, y eran tiempos difíciles para la gente del campo. Después vino una nueva etapa que fue la de los hijos, primero nació una niña preciosa que se llama Ana Mari, y se crió muy gordita, después nació mi segunda hija, Marisol y todos estábamos muy contentos y éramos una familia feliz, posteriormente nació mi última hija Fani, recuerdo esa época con mucho cariño, le hacía la ropita a mis hijas y las peinaba con sus pipines y disfrutaba cuidándolas y viéndolas crecer. Esta es quizás la época que recuerdo con mayor añoranza.
Estoy contando esta historia cuando tengo 71 años, dos hijas tengo casadas y cinco nietos y Fani está soltera es profesora de pedagogía. Ya estoy jubilada y después de tantos años de lucha en la vida tengo un poco de tiempo libre para mí y lo aprovecho aprendiendo cosas nuevas que antes no pude por circunstancias de la vida y del momento, así ahora voy a la escuela de Adultos y al centro Guadalinfo de mi localidad donde estoy aprendiendo a manejar los ordenadores, ya consigo comunicarme con mis hijas y nietos a través del correo electrónico, algo impensable hace algunos años. También voy a gimnasia y todo ello me sirve para tener una vejez saludable y activa aparte de pasarmelo bien en compañía de mis compañeras y mis profes.
Emilia C.

miércoles, 16 de mayo de 2007

¡QUÉ TIEMPOS AQUELLOS!



Hasta los 10 años viví en el campo, en la localidad granadina de Loja, a esa edad mi familia y yo partimos hacia Antequera, pero antes de que fuera toda la familia nos fuimos mi padre y yo con otros tres hombres mas, y yo a esa edad debía hacer de comer para todos.
Allí me pasan muchas aventuras debidas a mi corta edad, como perderme por el camino cuando iba a lavar al río y no saber volver a casa.,pude volver gracias a un chico que me encontró y llevó de vuelta a casa (hoy en día ese chico es mi cuñado).
Para Navidad ya vino toda la familia, mi madre estaba embarazada y el día 22 de diciembre dio a luz una niña, la cual enfermó con 40 días de vida y me la llevé yo a Loja con mis abuelos maternos, donde la cuidé hasta los tres años que regresamos las dos a Antequera.
Ya tenía yo 13 años, allí me puse a ayudar a mis padres trabajando en el campo y demás tareas del hogar, ya que hacíamos en casa el pan, los dulces de Navidad etc. Es por eso que no pude ir nunca a la escuela, aunque me hubiera gustado ir como todos los niños, lo poco que aprendí fue gracias a una maestra que iba a la escuela rural y yo por las noches me iba con ella para acompañarla y ella me enseñaba algunas cosas. Ahora con 57 años voy a la escuela de adultos de mi localidad para intentar aprender un poco más de lo que no pude en mi niñez.

Casi Fernández